-evokhé, avañaé, amunaminamutsu!-
Declino ante las 47,3 Devanidades irradiadas que gardasalvan las bicuartas pasalocandas de los estadios heliselenales; que su fortunable formita fructuita resalte el vibrante cavío esencial de las cosas todas y nos traiga de los pelos al imperfeccionable corpus totum de la nadería!
Al momento de la piedad absoluble, recuerde el decciso su iconería de preferencia y, girando en tres vuelos rasos hacia el oponiente, se oriente 205º en torno al contragiro y reciba en la copa del oído los grabones de las Divanidades irritadas de los subunsépteros entraderos:
O Prevadahtsha clamante de antividia, que arengas amarelhamente las poartadas del opresiente alzisante, con tu diestra calzada en fogadas dagas y tu siniestra en amasapalos de amatepalis, no me dejes acenizarme en este transido trance! Más vale allégame a tu asiento de perfecto musgo y sentido estricto! Así para entonces yo poder ir y volver sin miedo!
O Karavansharai flamante de mustias cuerdas, que acarreando en azures puros los portalones del simsimiente acochante, con tu derestra apringando machacadores d'oreados soles y tu investra substeniendo la cáscara de huevo de oca de ocasión (digna de ocasos según el caso), no me dejes empachar en este frunsido fracas! Más vale allégame a tu asiento de dilupitado endurcido órico! Así para entonces yo poder ir y volver sin miedo!
O Smrtinůenescu rimbombante de sonoridia, que bribras verovesnoverdistamente la dentradera del diez-y-diez al procrono, con tu mano conductora sacudiendo batónicos rayos de ebonística negrura y tu agitada decadigitante marcacompás indixando y malobreando los sonsores de la kester, asísteme con centro y moto en este esquerzo agitato! Más vale alza tus miras a un dulcísimo moderado! Así para entonces yo poder ir y volver sin miedo!
O Sorna-Da-Umbramusta sisiseante de ombrura pura, que en necruras obscurantes remites los pasajes del nadíreo impíreo occipital, amarrando en tu mano de mando la sombrera parasólica y en tu menos adeptra manobrando el sombro cabecero antestival, no me dejes en la fornalla inaugurante de caliendiarios, en este parrillocidio a quemarropa! Más vale asiéntame en el gélido soplo del notable céspiro, en el amparo de la nolamparada penambra! Así para entonces yo poder ir y volver sin miedo!
O Sophoclacius Panta-Rex extextultante de cristalinísimos pensieros, que roso y rolho acaparas a los entrantes del fueguiño sureño, a la tarde tarde ocasional, enrollando en tu mastra dinopla el rolo de empapiradas vertientes para mayor glosa neustra, tu siniestra con magro indexiso apuntalando el corcoveo cielo del aposter rojazo, esclarifícame y aplanicia mis verticuetos menticulares! Toma mi sombra de la cueva y arrástrala de los felicuelos hasta la boca rota sanglosa de la inexcusable inerte verita! Así para entonces yo poder ir y volver sin miedo!
O Vinhicius Mora entenedor de los insueños, de blancura de finura inabarcable, monigote de milicia trabucando a sal y cal, sostentando en una palma el enflorecido retintonho galácteo de sesenta y tres mil ochenta y cuatro pístilos y en la otra una pila menuda de polvorizado pómez, quítame la glauca comadrona de los globos! Ábreme los parpellones a la claridad transidora de engañadoras ensoñumbras! Así para entonces yo poder ir y volver sin miedo!
O Purivatttsna, purpúreo pugilista del puro pleno plano de pensamiento y palpamiento, que pispeas la puerta puesta al paso del poniente ponto, con tu palmo de palo aparejado, con las plateadas pirámide y prisma de pirita en la opuesta, no me plantes en tan pasmoso periplo! Más vale ponme en punto de purísima percepción! Así para pues poder partir y reportar sin paura!
O Āhāvinīṭīkāṅāṭaṇṇiḷa histriona anforatriona del cansancio lelo lerdo, de reluciente piel de octarina, reynosa absolutista de la red que en su cuarterimensionla densidad subpone, cubre, clama, ambaga, sobretiene y desmelaza todas las cosas que con entre todas juntas es totalmente el absoluto culminante, que pones traba en la pasadera y cándido candado en el abrojo cerrojado del portalón final del austero zumbante zonda polvoriento, con las manos libres para el caro sopapo o la susipirada caricia, dame una mano! Tómame el brazo! Llévame despacio por el paso espacioso! Así para entonces yo poder ir y volver sin miedo!
En el retabazo de este octadrical apelo a los guardadores de las guaridas agueridas de los derroteros se encierra la exitosa descorporización, el a-ombro tónito ansendente y se garantiza el paso por el día de quien las guarde en su siempre nunca vista interior cornamenta como ojos del que escucha y repite seguramente sin miedo para ir entonces así siempre.
-santayana!-